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COMPRENDIENDO LA GRACIA — ¿De qué se trata? Qué es la gracia? Leemos, discutimos e incluso cantamos acerca de ella; pero, ¿realmente comprendemos lo que es y la aplicamos a nuestras vidas? Hebreos 12:15 dice que uno puede “[dejar] de alcanzar la gracia de Dios,” y el resultado de “dejar de alcanzar” conduce a una “raíz de amargura” en el corazón. Por lo tanto, es sumamente importante que verdaderamente entendamos la profundidad de la gracia de Dios y aprendamos cómo implementarla en nuestras vidas. La Concordancia Strong define a la palabra griega para “gracia” (charis—cariV) de esta manera: “la influencia divina sobre el corazón, y su reflejo en la vida.” 1. Al escribir acerca de su “aguijón en la carne,” el apóstol Pablo ilustró la gracia de Dios al relatar la siguiente experiencia:
El hecho de que uno se apropia de la gracia de Dios cuando uno se entrega completamente a la voluntad de Dios, revela la naturaleza fundamental e incondicional de la gracia de Dios. No es algo que se puede ganar, ni tampoco algo que alguien se puede poner de manera superficial; pues la gracia verdadera reside dentro del corazón de un individuo cuya vida ha sido transformada por el poder del Espíritu Santo. Como resultado, es únicamente a través de la gracia de Dios (“la influencia divina sobre el corazón”) que uno puede verdaderamente experimentar la paz, el gozo y la fortaleza de Dios. La antítesis de la gracia es el legalismo. Mientras que la gracia transforma el corazón de un individuo de tal manera que el amor comienza a motivar toda acción y actitud, el legalismo intenta controlar a los individuos a través de un código de leyes, imponiendo una conformidad externa por medio del temor a recibir un castigo. Mientras que la gracia es interna, enfocándose en el corazón de un individuo, el legalismo es externo ya que se centra en las acciones superficiales. Mientras que un encuentro con la gracia produce resultados eternos al transformar el corazón de un individuo, 3. legalismo sólo brinda una conformidad temporal, puesto que el hombre, en sus propias fuerzas, es verdaderamente incapaz de poder cambiar su corazón.
Nada ilustra mejor la diferencia entre la gracia y el legalismo que una comparación entre el Antiguo Pacto del legalismo con el Nuevo Pacto de la gracia, como se describe en el tercer capítulo de segunda de Corintios:
El legalismo en las religiones propicia una falta de confianza entre los líderes espirituales y sus seguidores. En un entorno legalista, los líderes no confían en su gente para mantener el nivel de las normas que ellos exigen. Por consiguiente, los líderes se sienten impulsados a imponer más y más reglas y reglamentos sobre las personas, en un intento por tener aún más control sobre ellas. Reglamentos detallados personales, como por ejemplo: “No lleves ese corte de cabello; ¡podrías hacer tropezar a otro hermano!” o “No uses el Internet; ¡podrías ser envenenado por los apóstatas!”, que si son apropiados en ciertos contextos, crean una sensación de desconfianza entre la gente cuando son expresados de manera corporativa por el liderazgo. En respuesta al sentir la desconfianza del liderazgo sobre su juicio personal, los seguidores comienzan a reaccionar al control, ya sea por medio de una rebelión externa que les lleva a experimentar el rechazo inmediato por parte del liderazgo y sus compañeros que son miembros (es decir, “evitar el trato”), o a través de una mayor conformidad que los lleva a experimentar una depresión interna debido a la tensión de no tener la libertad de expresar sus emociones externamente. El resultado de esta conformidad reprimida, lleva a mayor fricción entre el liderazgo y los seguidores, la cual, finalmente, llega a ser tan grande, que los seguidores se comienzan a deshacer bajo el yugo del liderazgo. Esto a su vez, aumenta la desconfianza entre ambos; por lo tanto, se repite el ciclo que destruye a tantas vidas en el proceso. La antítesis del legalismo se puede apreciar en el Nuevo Pacto de la gracia. Una vez que una persona se ha sometido a la sangre derramada de Jesús y ha experimentado el perdón completo por medio de su sacrificio absolutamente redentor, el Espíritu Santo de inmediato emprende un proceso transformador de vida que comienza con el corazón de este individuo. A través del Espíritu Santo, esta “Ley de Cristo” está escrita en el corazón y se manifiesta a través de la gracia, el control de las actitudes internas y las acciones externas por medio del amor, sin haber un castigo. Esto no significa que no haya reglas en conjunción con la gracia, pero la motivación para cumplir la ley de Dios viene de un amor agradecido en vez de un temor al castigo.
Cuando un individuo se percata de la amplitud del amor de Cristo hacia él, su motivación por obedecer cambia. Ya no es causada por un espíritu de compulsión (temiendo el rechazo), sino que ahora está obrando por medio de un amor agradecido por lo que Cristo ha hecho por él cuando lo compró con su sangre preciosa (Hechos 20:28). Con la libertad de saber que su redención está segura en Cristo, se encuentra a sí mismo cumpliendo las normas de Dios a causa del flujo abundante de la gracia y el amor de Dios dentro de su corazón. Esta es la belleza del Nuevo Pacto de la gracia al liberar a un individuo a experimentar la verdadera seguridad eterna en Cristo y al mismo tiempo permitirle la libertad de crecer en la gracia.
¿Cuál es nuestra reacción humana natural cuando nos topamos con una señal de límite de velocidad que es 15 km/h menor a la señal anterior? Aún cuando nos conformemos externamente al límite de velocidad, por dentro, nos rebelamos y buscamos “extender el límite” al no ir más despacio que la máxima velocidad permitida. A la ley no le importa que tan cerca llegues a quebrantarla mientras no sobrepases el límite. Del mismo modo, el legalismo crea una rebelión interior ya que se enfoca principalmente en la línea divisora de la ley, en lugar de hacerlo en las actitudes internas del corazón. Además, el legalismo apela a nuestro deseo innato por tener seguridad y la capacidad de controlar nuestro entorno; ya que cuando los límites están establecidos explícitamente, los individuos se pueden sentir seguros al esforzarse por mantenerse rígidamente dentro de los perímetros de cada aspecto de la ley. Los individuos autónomos y automotivados, con frecuencia prosperan bajo un entorno legalista ya que la ley no tan sólo apela a su orgullo de ser capaces de controlar su entorno, sino que proporciona una norma visible con que pueden juzgarse a sí mismos y a los demás. En contraste, una vida controlada por la gracia no se da de forma natural ya que requiere de una mayor sensibilidad a la iniciativa del Espíritu Santo y de la conciencia. Mientras que el legalismo crea un sentido de seguridad, puesto que “marca una línea” de manera explícita en todos los aspectos de la vida, la gracia produce una sensación de inseguridad que obliga a los individuos a acercarse más a Dios para ejercitar un discernimiento personal que sintonice con el Espíritu de Dios para cada situación en la que se encuentre. Mientras que el legalismo promueve una conformidad y un juicio grupal hacia los individuos que no “están a la altura,” la gracia auspicia un compañerismo íntimo y personal con Dios al abrir el corazón del individuo a las normas del juicio de Dios, en lugar de las normas humanas.
La Ley del Antiguo Pacto obtiene su fortaleza al representar la santidad de Dios. Puesto que no existe absolutamente ninguna imperfección en la naturaleza de Dios, la ley se convierte en un medio a través del cual Dios revela su naturaleza de santidad. Cuando uno comienza a ver la Ley de Dios como una expresión de la misma naturaleza de Dios, en lugar de ver una lista abstracta de reglas y reglamentos, uno puede ver claramente por qué Dios es el único que puede cumplir la ley. Por esta razón, “Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo” 4., puesto que ningún ser humano puede jamás alcanzar el nivel de santidad que posee Dios; por lo tanto, todos están condenados por la Ley de Dios.
A diferencia del Antiguo Pacto del legalismo donde su fortaleza proviene de la incapacidad del hombre de cumplir con sus normas, el Nuevo Pacto de la gracia encuentra su fortaleza en el poder transformador de vidas del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo viene a morar dentro de un corazón revitalizado, Él da la fortaleza interna para vencer el pecado, tanto interna como externamente. Como Jesús cumplió con la ley, cuando su sangre se aplica al corazón de un individuo, no tan sólo hace que este inmediatamente tenga una posición de justicia en Cristo, sino que el Espíritu Santo comienza a transformarlo a la imagen de Cristo mientras el individuo lo contempla. En este momento, uno ya no se encuentra luchando en la carne para cambiar su vida, sino que descubre que Dios es el que está obrando internamente en él para conformarlo a la imagen de Cristo.
Reconociendo que sin el Espíritu de Dios nadie puede ser realmente transformado, una persona que posea el Espíritu de gracia comenzará a mirar a los demás a través de los ojos de Jesús. Así como en el caso de la mujer atrapada en adulterio, Jesús demostró gracia en el modo en que la afirmó en su amor, pero no aprobó de su pecado. En el proceso, Él le mostró cómo el hecho de aceptar el perdón incondicional puede causar un verdadero arrepentimiento en la vida de un individuo.
Ya que Jesús se hizo “pecado por nosotros”, no hay “condenación” para aquellos que están bajo la sangre derramada del Cordero. Por lo tanto, la gracia verdadera reconoce la naturaleza incondicional del amor misericordioso de Dios, y busca afirmar y exhortar a los débiles en la fe “en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.” 5. Ya que la gracia no está atada a una lista controlada de reglas y reglamentos, sino a los principios que están detrás de la ley, esta provee un ambiente de libertad en la que la unidad de la fe es afirmada mientras se acomodan las diferencias de las opiniones individuales con respecto a los asuntos relacionados con un caminar personal con el Señor.
Un día, un huérfano joven llamado Andy tuvo la oportunidad de ser adoptado por unos padres amorosos. Operando bajo las normas de adopción legalistas del Antiguo Pacto, Andy fue llevado a casa por estos nuevos padres para tener un período de prueba de cuatro semanas. Si él se mostraba digno de ser adoptado al obedecer todas las normas que ellos exigían, entonces sería adoptado en la familia. Al principio, Andy estaba eúforico. La posibilidad de ser adoptado era lo único en que podía pensar. El tener un padre que realmente lo amaría y se encargaría de todas sus necesidades era más de lo que Andy podía desear. ¡Por supuesto que mostraría su mejor conducta, ya que esto era lo que siempre había anhelado! La primera semana, todo parecía estar bien mientras Andy se esforzaba por conformarse con todas las reglas y normas. Aún cuando no siempre se acordaba de lavarse los dientes después de cada comida, o decir “por favor” y “¡Sí, señor!” cuando pedía algo, al menos estaba recordando la mayoría de las normas más importantes. “La próxima semana lo haré mejor,” pensaba Andy, “¡Seguramente, tendré una buena posibilidad de ser adoptado si me acostumbro a todo esto!” La segunda semana no fue tan fácil como la primera, pues bajo estas normas estrictas, era imposible que Andy actuara como si mismo. Siempre estaba tratando de ser mejor y vivir según las expectativas de ellos; pero, invariablemente, se hallaba a sí mismo fallando, y su personalidad brillante y chispeante comenzaba a ser reemplazada por una conformidad nerviosa. Conforme transcurrieron las semanas, no importaba cuánto él intentara, sabía que no estaba cumpliendo con sus expectativas y esto le llevó a una depresión profunda y una conciencia aprensiva de sí mismo que simplemente no se podía sacudir. Si no corregía de inmediato su manera de actuar, Andy sabía que lo rechazarían. Finalmente, Andy se quebrantó y comenzó a llorar cuando se dio cuenta de que era incapaz de hacerlo mejor de como lo había estado haciendo. “¡Deja ya ese llanto! No podemos tener a un debilucho en esta casa. Si no cambias, entonces tendremos que llevarte de vuelta,” dijo el que una vez pareció ser un padre amoroso. La presión aumentó día con día, hasta que Andy ya no pudo aguantar más. “¡Nunca tendré un verdadero padre!” clamó Andy mientras los padres potenciales le colocaron con severidad en el vehículo y lo llevaron de vuelta al orfanato. Andy sentía que jamás olvidaría esto. Si no podía realizar todo lo debido en tan sólo cuatro semanas, por qué alguien jamás habría de darle una oportunidad nuevamente.… Esto es lo que le sucede a una persona cuando es colocada en un entorno legalista, tratando de ganar aprobación. Cuando uno experimenta la imposibilidad de vivir según todas las normas del legalismo, puede ver por qué el Antiguo Pacto, en efecto, era “el ministerio de la muerte, en letras grabadas en piedra….”, ya que un “ministerio de condenación,” revela la impotencia de la carne para cumplir con la ley de Dios:
Volviendo a la historia de Andy, pero en un escenario distinto, operando bajo el Nuevo Pacto de la gracia, Andy fue adoptado inmediatamente por los padres, sin un período de prueba, ni condiciones fijas. Al descubrir la libertad de ser él mismo, descansó en la seguridad de saber que no importando lo que él hiciera, sus nuevos padres nunca lo rechazarían. ¡Él les pertenecía para siempre! Como resultado, su amor por sus nuevos padres se volvió el factor motivador de su obediencia. Ya no temía ser rechazado por sus padres, porque sabía que lo amaban con un amor incondicional que disciplina cuando es necesario, pero que jamás rechaza.
¿Cómo puede existir un amor incondicional en un entorno condicional? Bajo el primer escenario del legalismo, Andy nunca experimentó el verdadero amor incondicional porque el amor incondicional no puede existir en un entorno legalista, ya que el amor legalista siempre está basado en condiciones. Andy sabía que sería rechazado si no lograba alcanzar los objetivos y, como resultado, se vio a sí mismo motivado a desempeñarse en base al “temor” de aquel rechazo. En contraste, en el segundo escenario de la gracia, al saber que su adopción era segura, Andy fue capaz de responder al amor incondicional de sus padres con un amor agradecido. Así como en el segundo escenario la adopción de Andy estaba basada en el amor incondicional de la gracia, Dios utiliza esta misma imagen para describir cómo cada persona que está bajo la sangre derramada del Nuevo Pacto puede ser “adoptada” espiritualmente en la familia de Dios.
Así como en el segundo escenario Andy encontró una aceptación incondicional en el amor de sus nuevos padres, así es también con Dios. Bajo el Nuevo Pacto, la aceptación de Dios hacia nosotros está basada completamente en que la justicia de Jesús es acreditada a nuestra cuenta; por lo tanto, Dios nos puede amar incondicionalmente a aquellos que hayamos aceptado a Cristo de manera personal, y respondemos con un amor agradecido que nunca teme un rechazo eterno por parte de Dios. Al venir a Jesús, y pedirle personalmente que te dé su justicia a cambio de tus pecados (aceptando personalmente su pago absolutamente suficiente por tu adopción), puedes saber sin sombra de duda que tienes vida eterna.
=========== 1. Concordancia Exhaustiva Strong de la Biblia, Diccionario de palabras griegas, p. 94 |
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